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La Adicción al Juego

El jugar a la lotería no es nada nuevo. Apostar es propio del humano: los romanos apostaban sobre sus deportistas; el mismo Dostoievski tituló a una de sus obras “El Jugador”; el gran músico Mozart posiblemente era adicto a las apuestas, y, en nuestros días, el famoso pelotero Pete Rose, estuvo envuelto en un escándalo por no poder dejar de apostar en los partidos de béisbol.

CLASES DE JUGADORES/APOSTADORES:

Como vimos, este no es un problema nuevo, a través de la historia grandes personajes lo han tenido. Pero, para comprenderlo mejor, clasificaremos los diferentes tipos de jugadores:

1 . JUGADOR SOCIAL: Es la persona que apuesta solamente en combinación con otras actividades. Nunca apuesta sola, no hay progreso en sus apuestas, y lo hace pocas veces en períodos de tiempo relativamente largos.

2. JUGADOR PROFESIONAL: Es la persona que hace su vida a través de las apuestas. No tiene dificultades a raíz de su juego, ni pierde el control sobre éste. Tampoco usa el juego como generador de placer, o como una “droga”. Tiene otros intereses que le satisfacen, y no juega al punto de dañarse a sí mismo o a su familia, por lo que no necesita tratamiento.

3. JUGADOR COMPULSIVO: Este individuo apuesta adictivamente, y está fuera de control. Para él perder es tan interesante como ganar, porque representa la oportunidad de recuperar lo perdido, y la satisfacción de la victoria. Juega aún cuando existen problemas familiares, económicos, laborales, etc. En las etapas avanzadas de su enfermedad, puede hasta robar pues ya no hay quién le preste más dinero. Muchos jugadores compulsivos terminan suicidándose cuando ven que lo han perdido todo.

CARACTERÍSTICAS DE LA ADICCIÓN AL JUEGO:

Es una persona inteligente, enérgica con un ego falso muy grande, competitiva aunque no le gusta perder (quiere ganar siempre), orientada a la acción, tiene poca capacidad de concentración, siente presión sobre sus ideas, así como también compulsiones y obsesiones sexuales. Es, además, sumamente agresiva, manipuladora, agradable y muy comunicativa; tiene fuertes cambios emocionales (altibajos) y es un buen trabajador, porque necesita dinero para su adicción. Generalmente tambiÉn es adicto a otras sustancias como la cocaína, o las anfetaminas; prefiere drogas estimulantes a las depresivas, excepto en etapas avanzadas donde usa tranquilizantes para bajar el alto nivel de ansiedad que le invade constantemente.

Por otra parte, es una persona que no le gusta ACEPTAR LA REALIDAD, se siente atraída por la fantasía del mundo del juego, y de la suya propia (sueña con llegar a ser ALGUIEN en el mundo algún día). Su inseguridad emocional permite que únicamente se sienta cómodo en un casino, o en ambientes similares. Se le dificulta mucho la intimidad con otras personas. Y, finalmente, es muy inmadura: quiere obtener las cosas sin mayor esfuerzo, evade responsabilidades y pretende resolver su vida entera jugando a la lotería o ganando en las apuestas.

NATURALEZA DE SU COMPULSIÓN:

El jugador compulsivo tiene una adicción “pura”, o sea que es propia de su comportamiento. Mientras que en las otras adicciones las sustancias son las responsables del desbalance químico que se produce en el cuerpo, en la adicción al juego este desbalance se crea a través de la conducta del individuo. Sus ACCIONES son las que lo “elevan” o le producen el placer que, en otros adictos, es producido por la droga o el alcohol. Cuando deja de apostar (la acción que llega a ser su “droga”), sufre un síndrome de abstinencia muy parecido al que produce cualquier otra adicción.

Apuestas fuertes, repetidas frecuentemente por largo tiempo, llegan a formar cambios químicos que, a su vez, crean un desbalance de esta índole que afecta a toda su persona. Los científicos creen que como consecuencia a esta adicción, se produce un desequilibrio en la enzima llamada en inglés, adenylcyclasa, la cual está involucrada en la actividad de los neurotransmisores en el cerebro. También han descubierto el mismo desequilibrio en los casos de adictos a la cocaína y, de una manera especial, en casos de adicción a la epinefrina y norepinefrina (adrenalina y, norad renalina). Pero las investigaciones continúan y esperamos que el tiempo ayude a aclarar más lo que sucede exactamente. El adicto al juego es, generalmente, una persona muy activa física y mentalmente, además posee una agilidad mental superior a lo normal. En su mayoría, han sido así desde muy peque‚os… o sea que nacen físicamente predispuestos al problema.

Son personas hiperactivas, ansiosas, muy agradables. Suelen tener un coeficiente intelectual no menor de 120. Por su inteligencia, se ganan la simpatía de todo el mundo desde ni‚os: quizás jugaban bola y siempre ganaban; luego pasaron a jugar a las cartas ( la presencia de la lotería en la mayoría de los países hace que muchos adolescentes se estÈn haciendo jugadores compulsivos). Un gran número de las llamadas a los grupos de Jugadores Anónimos, son de menores de 21 a‚os.

Si la persona comenzó jugando desde muy ni‚o, de adolescente pasará a los juegos de adultos, como las carreras de caballos, las de perros, casinos etc. En la etapa avanzada de la adicción, el enfermo pasa todo el tiempo pensando en juegos y apostando sobre todo lo que le rodea: apuesta si la persona que está llegando a la puerta de la casa se va a quitar el sombrero, o si se lo dejará puesto; apuesta, en su mente, si su esposa cocinará papas o arroz para la cena. Pierde el control de sus pensamientos y de su conducta, a la vez que actúa compulsiva e irracionalmente en todo, a pesar de las consecuencias adversas, igual que el adicto a las drogas o al alcohol.

DEFINICIÓN DEL JUEGO COMPULSIVO:

En resumen, la adicción al juego compulsivo es un desorden del comportamiento, y es progresivo; por eso el individuo siente un gran “apetito” o una urgencia tremenda de jugar o apostar, sentimientos que con el tiempo, llegan a ser una preocupación psicológicamente incontrolable. El juego llega al punto de comprometer toda la vida personal, social y laboral del adicto. Esos problemas llegan a intensificar el comportamiento de juego. Entonces desarrolla una DEPENDENCIA EMOCIONAL sobre el juego, una PÉRDIDA DE CONTROL, y una incapacidad de llevar una vida normal. Es una enfermedad con raíces físicas y psicológicas, que es primaria, progresiva, crónica y sistémica. Ésta afecta a la familia, así como a todas las personas que rodean al adicto.

DEPENDENCIA:

La dependencia que se desarrolla es una dependencia general sobre acciones que alteran las emociones y los ánimos (neurotransmisores) del jugador. El jugador no busca ganar; lo que él desea es experimentar los sentimientos que produce el juego, lo que experimenta en la actividad de jugar y perder, de jugar y ganar. Su dependencia es sobre la acción involucrada en todo lo que representa el mundo del juego. La pérdida de control es tal que el adicto se encuentra apostando cuando no quiere; perdiendo más de lo que planificó, hasta que poco a poco su vida se va volviendo ingobernable. La gran tragedia es que su adrenalina sube y baja con la ganancia, la pérdida, la apuesta, etc., lo que crea un círculo vicioso… y siempre llega algún familiar o amigo que lo rescata de las consecuencias que le podrían hacer tocar fondo… y el enfermo sigue en su círculo.

EL PROGRESO DE LA ENFERMEDAD:

La progresión se nota cuando las cantidades que apuesta se van haciendo más y más grandes; los riesgos también crecen y las pérdidas aumentan, el individuo se encuentra endeudado. Su fuente de dinero legítimo desaparece y comienza a tomar prestado de su familia, amigos, o de compañías financieras, donde sea posible conseguir dinero o crédito. Va a donde puede pedir prestado, o aún robar, hacer desfalcos, fraudes, etc.

La progresividad de esta enfermedad se puede dividir en tres fases principales:

1. LA FASE DE AVENTURA Y DE GANANCIA: Es la etapa en la cual la persona se introduce en el mundo del juego y obtiene de esto un gran placer. Hay mucha acción. Desaparecen las preocupaciones y con cada ganancia su ego se hincha, y la fantasía ocupa un papel primordial en su vida.

2. LA FASE DE LA CARRERA O LA FASE DE PÉRDIDA: Tarde o temprano el juego lleva al individuo a perder la autoestima. Comienzan los préstamos de dinero y las solicitudes de crédito, para poder “nivelarse”. En ocasiones el jugador no quiere salir del lugar de juego, llegando incluso hasta a buscar un trabajo en el mismo casino, ¡para no perder tiempo! Quiere también, evitar encontrarse en la calle con toda la gente a quien le ha pedido prestado.

3. LA FASE DE DESESPERACIÓN: Esta fase ocurre cuando la persona llega a estar obsesionada con pagar sus deudas. Jugar llega a ser la obsesión de toda su vida. El jugador ya es la oveja negra de la familia en vez un “gran jugador”.

Lo que más le hace sufrir es que tendrá que dejar de jugar si no recupera el dinero perdido. No concibe la vida sin la estimulación del juego; corre grandes riesgos y toca fondo tarde o temprano; se suicida o termina en la cárcel.

AUTOENGAÑO Y NEGACIÓN:

Esta enfermedad tambiÉn tiene los aspectos psicológicos de la negación y de un sistema de autoengaño tan real como el del adicto a la droga. “Su problema siempre tiene solución.” Su suerte pronto regresará.” “No hay ningún problema…”

Puesto que el adicto al juego no ingiere drogas que da‚en su mente, el suicidio representa un gran peligro para él cuando llega a la última etapa de desesperación. Normalmente entra en una depresión mayor, con pensamientos desorganizados, y todavía sigue pensando en cometer algún crimen para pagar

sus deudas. Normalmente demora unos quince a‚os para tocar fondo. Si llega a un lugar de tratamiento en vez de a una cárcel o a una morgue, hay esperanza para él. Sin embargo, su recuperación es muy difícil, porque él mismo es su propia droga, y no puede ser abstinente de su cuerpo. Tiene que vivir con ello hasta que se muera.

Necesita desarrollar una abstinencia por todo lo que provoca los cambios emocionales qué le produce el juego, y que podrían hacer que perdiera el control nuevamente.

EL TRATAMIENTO:

El tratamiento para el adicto al juego es muy parecido al del adicto a las drogas y a la comida. Tiene que dejar de pensar en apostar, y evitar cualquier contacto con toda persona, lugar o cosas que pudieran abrir ese deseo imperativo de jugar, o de meterse otra vez en ese mundo de acción. Su cuerpo sufre de un síndrome de abstinencia que le hace reaccionar irritadamente, a la vez que lo convierte en alguien dominante, ansioso, criticón, enojado, en la búsqueda constante de acción. Tiene que cuidarse mucho porque, en ocasiones y sin darse cuenta, puede comenzar a comer compulsivamente, hacer ejercicios sin parar, o entrar en una relación amorosa enfermiza: busca un sustituto para volver a sentirse bien. Le es muy difícil ser paciente y volver a comenzar, por ejemplo, en un trabajo simple donde no tenga un puesto de liderazgo, o donde no gane mucho dinero.

Es imposible que el adicto al juego se recupere solo. Es imprescindible que asista a los grupos de apoyo mutuo, como “Jugadores Anónimos”, donde entienden todo el fenómeno del adicto a la vez que saben apoyarlo, animarlo y guiarlo.

Existen hospitales que tratan a los jugadores compulsivos, pero son muy pocos. Normalmente el mayor problema es que esos enfermos no tienen dinero para pagar su hospitalización. Si así fuera pueden buscar ayuda a través de los grupos de apoyo mutuo. Si no existe este tipo de asociación o grupo en su comunidad, le será más difícil recuperarse solo, pero siempre queda abierta la posibilidad de que acuda a un especialista. Los síntomas que ha desarrollado a travÉs del progreso de su compulsión y el desbalance químico que ha surgido son difíciles de cambiar, pero no hay recuperación sólida si no se trata de controlar. El factor más difícil en la recuperación no es pagar las deudas, sino poder cambiar de personalidad y adquirir las cualidades que son necesarias para poder llevar una vida “normal”.

Cuando se ha vivido de fantasías toda la vida, la palabra “realidad” no resulta muy atractiva. Sin embargo, el dolor que han sufrido muchísimos adictos al juego es el precio que han pagado por un momento de placer jugando. Muchos se han recuperado al pensar en lo fugaz de esos momentos y en lo perdurable del dolor experimentado luego de esos instantes. También lo han logrado gracias a la ayuda de los grupos de apoyo mutuo, la fe en un Ser Supremo, y sus propios esfuerzos. Como son personas bastante talentosas, la recuperación económica es la que más rápido han conseguido.

El adicto al juego es una persona olvidada por nuestra comunidad; actualmente no hay muchas entidades que les presten la ayuda que necesitan. Se estima que, solamente en Estados Unidos, hay más de 1 millón de jugadores compulsivos. Cada uno de ellos afecta a su vez, a 10 ó 12 personas más. Esta adicción necesita reconocerse como una enfermedad por todo el mundo, y ofrecer la ayuda necesaria a quienes se ven afectados por ella.

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